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Ser recordado como uno de los mejores atletas que ha participado en unos Juegos Olímpicos es todo un halago que pocos deportistas pueden recibir. Michael Phelps, Usain Bolt y Yelena Isinbayeva son de los más recientes. Sin embargo, a finales del siglo XX e inicios del XXI se gestó una de las figuras más importantes en la gimnasia internacional: Alexei Nemov, el ruso que conquistó al olimpismo.

Reconocido por su talento, elegancia y carisma durante sus presentaciones, Nemov sabe perfectamente que su éxito se lo debe a su madre, quien insistió en que fuera gimnasta, algo que años posteriores seguro le agradeció. “No me gustaba, pero con el tiempo me di cuenta de que los aparatos de esta especialidad son lo mejor, porque te permiten dominar por completo tu cuerpo y el espacio”, confesó el atleta ruso a El Universal.

Con los entrenamientos y años de esfuerzo, Alexei logró llegar a los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, con 20 años, para ahí dar inicio a la leyenda que sería después. Durante la justa veraniega de ese año, Nemov fue capaz de conquistar seis preseas totales: dos oros, una plata y tres bronces fueron su cosecha, para convertirlo en el atleta (considerando todas las disciplinas) más laureado de esa edición de los JJOO.

Para Sidney 2000, cuatro años más tarde, “Sexy Alexei”, como era conocido por su atractivo físico, no llegó en las mejores condiciones a los Olímpicos, pues en 1997 tuvo que ser operado de una lesión en el hombro que incluso puso en riesgo su participación en la ciudad australiana.

Sin embargo, haciendo gala de su calidad técnica y recordando los buenos momentos de Atlanta, Nemov volvió a colgarse seis preseas en Sidney, para agrandar a 12 su legado como atleta olímpico. Un oro, una plata y un bronce fue la suma del gimnasta en sus segundos Juegos Olímpicos, repitiendo como el atleta más condecorado.

Con 28 años de edad y toda la experiencia del mundo encima, Alexei volvió al evento más importante del olimpismo en Atenas 2004. Aunque sus posibilidades de ganar eran reducidas, en comparación a las ediciones pasadas, nada le quitaba ser el favorito de la gente y uno de los hechos más polémicos de la gimnasia contemporánea lo dejó claro.

En su rutina en la barra horizontal, el ruso fue calificado con un 9.712, una puntuación que el público no aceptó y lo hicieron saber a través de rechiflas a los jueces, quienes ante la presión de la gente terminaron por ceder y cambiaron la calificación de Nemov, para un 9.769 final, que no le dio la oportunidad de llegar al podio, como lo había hecho una docena de veces antes.

Pese a la injusticia (de acuerdo al público), Alexei se paró de su silla, pidió calma y agradeció el reconocimiento más bonito que le pudieron dar: el apoyo de la gente, el cual no siempre es tan valorado como tener colgada una medalla alrededor del cuello.

Esa fue la última aparición de Nemov en una justa olímpica. Sin embargo, la leyenda del chico ruso que conquistó la gimnasia mundial, gracias la tenacidad de su madre, sigue grabada en la memoria de aquellos que lo vieron conquistar el mundo de las acrobacias.