Al revisar un ranking de los 25 mejores gimnastas del mundo es increíble apreciar a ocho deportistas rusos dentro de los mejores y en distintas disciplinas, desde gimnasia rítmica, artística, acrobática y aeróbica. Entre los mejores de toda la historia se encuentran Evgenia Kanaeva, Svetlana Khorkina, Alina Kavaeva, Yelena Shushunova, Daria Kondakova, Elena Mukhina y hasta Nastia Liukin, una deportista estadounidense de origen ruso.

Por los hombres podemos mencionar a Alexei Nemov, quien consiguió un subcampeonato olímpico en Atlanta 96 y campeón olímpico en Sydney 2000, también consiguió 12 medallas olímpicas y 2 campeonatos del mundo. Aunque según datos de la Encuesta de Hábitos Deportivos en España se practica más dicho deporte, no tienen los resultados que ha generado la escuela rusa o la rumana.

Entre los años ochentas Rumania y Rusia se disputaban duelos a muerte para saber quienes eran mejores en la gimnasia, en ese momento los rumanos contaban con Nadia Comaneci, quien hasta el momento es reconocida como la mejor gimnasta de todos los tiempos por ser la primera en alcanzar una calificación perfecta. Del otro lado, por los rusos estaba una camada de niñas que luchaban ferozmente por ser reconocidas y alcanzar la perfección ante Rumania.

Se trataba de Elena Mukhina y Yelena Davydova, la primera era entrenada por horas para superar a Comaneci. Fue en el mundial de gimnasia artística de 1978 en Estrasburgo, Francia, donde Rusia dio el primer golpe: Mukhina logró ganar cinco medallas de oro desbancando a Nadia. Después vendría la gran prueba.

Algunos expertos coinciden en que el secreto está en hacerle saber a sus representantes que ganar es una cuestión de orgullo nacional y no deportiva. Otro factor es la competitividad del equipo ruso, todos lo hacen bien, si alguien falla será derrocada por otra compañera, entonces todas tratan de ser las mejores. Nadie se puede sentir más que su compañera, si esto pasa estás fuera.

En 1980 se realizaron los Juegos Olímpicos de Moscú y qué mejor escenario para enseñarle a todo el mundo que la escuela rusa no estaba desapareciendo, al contrario llegaba una nueva generación. Elena Mukhina fue la elegida, su entrenador Mikhail Klimenko no se conformó y buscó que su pupila derrotara a Comaneci. Para lograrlo era necesario realizar el “Salto Thomas”, una ejecución peligrosa que podía romper el cuello y vértebras si no se realizaba con la altura correcta.

En los entrenamiento pasó lo esperado, Mukhina cayó mal mientras trataba de hacer ese famoso salto. El primer impacto lo recibió en su mandíbula, se rompió el cuello y algunas vértebras, finalmente quedó tetrapléjica. Antes de recuperarse por completo, su entrenador le exigió realizar el salto, Elena sufrió una lesión más, su entrenador huyó y el movimiento fue prohibido en la gimnasia femenina.

Después de lo acontecido Elena Mukhina declaró ante los medios y dijo que siempre será importante el orgullo de su país, “en cuanto al riesgo, una vida humana vale poco en comparación con el prestigio de la nación; nos han enseñado a creer esto desde la infancia”. Finalmente Yelena Davydova derrotó a Comaneci y se colgó la medalla de oro para mandar el mismo mensaje que su compañera de equipo: Rusia es el mejor.

La escuela de gimnasia rusa es de las más duras, son exigentes, perfeccionistas y valientes. Los mismos entrenadores lo han dicho: “tenemos a las chicas más bellas del mundo, a las mejores del mundo. Ellas pelean con la muerte pero salen airosas, brillan. La muerte no las alcanzará. Recuerden que la acrobacia es mover el cuerpo pero también el alma”.

Sin duda el trabajo, la nación y la perfección son las claves para ser una de las mejores escuelas de gimnasia del mundo.