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La final masculina de gimnasia en Río fue decepcionante para Marian Dragulescu, creador del salto que lleva su nombre. El rumano de 35 años ha competido en los Juegos Olímpicos desde el año 2000 (excepto en Londres 2012), y salió del retiro este año para buscar su mayor pendiente: la medalla de oro. Y aunque tristemente quedó lejos en la lucha por medallas, Dragulescu tiene argumentos de sobra para sentirse orgulloso. Es pionero en el salto con caballo, tiene un movimiento nombrado en su honor -el salto Dragulescu- y muchos de sus compañeros de profesión lo practicaron junto a él.

Aunque no tiene el oro olímpico, Dragulesco cuenta con un ampli repertorio de medallas. En 2004, fue bronce en el salto con pértiga y en la competencia por equipos, y plata en la categoría de pista. Ganó el oro en los Campeonatos Mundiales de 2005 y diez años después, se hizo de la plata en el mismo evento llevado a cabo en Glasgow. Entre 2011 y 2015, cambió de rol y se convirtió en entrenador, sin embargo, el hambre de competencia lo animó a regresar para intentar ganar su gran pendiente. “Tengo todo tipo de títulos en mi carrera y el oro olímpico es lo único que me falta. Quiero ganarlo antes de que me retire”, confesó el rumano previo a la cita en Río de Janeiro.

Tristemente, Dragulescu no alcanzó ni siquiera el podio en la ciudad brasileña. Pero a pesar de ello, el nacido en Bucarest será siempre una leyenda en el mundo de la gimnasia gracias a su salto patentado. Es un resorte doble mortal al frente y medio giro, un movimiento increíblemente difícil.

En la final olímpica de 2016, Dragulescu inicialmente estuvo empatado con el japonés Kenzo Shirai por la tercera plaza con 15,449 puntos, pero después perdió en el desempate, quedando lejos del podio. El ruso Denis Ablyazin se quedó con la plata y el norcoerano Ri Se-Gwang con el oro.

A casi 30 años de haberse iniciado en la gimnasia, la entrada de Dragulescu a este deporte ocurrió, digamos, por casualidad. De acuerdo a la Federación Internacional de Gimnasia, el rumano entró a la disciplina en 1988 porque de lo contrario, su padre lo habría obligado a practicar karate. Luego cambió a la natación ya que, a diferencia de la gimnasia, era gratuita. Y solamente regresó a la gimnasia cuando el uso de alberca requería una cuota. A pesar su ambivalencia hacia el deporte cuando niño, su ambición como un adulto era muy clara.

Aunque su nombre da vida a un salto y su carrera será recordada como una de las más grandes en la historia de la gimnasia, sólo el tiempo dirá si Marian Dragulescu hará un último intento por ganar la presea que le falta o si se dedicará por completo a transmitir sus enseñanzas a las nuevas generaciones.