Para ser profesional en cualquier deporte se debe iniciar desde temprana edad, esa es una regla básica no escrita pero esencial si se quiere destacar. Sin embargo, si pensamos en gimnasia, esa “norma” toma aún mayor importancia, aunque como siempre habrá sus excepciones, algunas de ellas con un éxito inimaginable.
Nikolai Andrianov es posiblemente el mejor gimnasta masculino de la historia, pero para llegar a serlo no inició el camino de la forma más común. Con 12 años, el ruso comenzó a practicar el deporte de los saltos y las piruetas, y aunque era un niño, ya iba atrás en su educación.
De acuerdo a el diario El País, los biógrafos reconocen al nacido en el pueblo de Vladimir como un chico rebelde, que incluso al poco tiempo de iniciar su educación gimnástica se cansó de la exigencia y el sacrificio, por lo que la abandonó. Si no hubiera por su entrenador que lo llevó de nuevo a la disciplina, probablemente la gente no conocería a Nikolai.
Ya con la mente puesta al 100 por ciento en su carrera, Andrianov demostró en poco tiempo que en realidad había nacido para esta disciplina, al punto que a los 20 años se presentó en su primero Juegos Olímpicos, en Munich 1972.
En tierras teutonas, el ruso confirmó su papel de joven prodigio y se llevó a casa tres medallas, una de cada metal. Pero ese apenas era el inicio de la gran historia que estaba por escribir el gimnasta ruso.
La justa olímpica de Montreal 1976 está en el recuerdo de miles de personas, pues fue en esos Juegos Olímpicos cuando Nadia Comaneci alcanzó la perfección. Sin embargo, con 24 años, Nikolai no se quedó atrás como gran figura del certamen, por lo que se hizo de cuatro medallas de oro, dos de plata y una de bronce, para erigirse como el mejor atleta masculino.
En la actualidad, pensar que un gimnasta llegue a tres JJOO y con 28 años parece una locura, pero en 1980 Andrianov lo hizo posible. La oportunidad de despedirse ante su gente seguro era un aliciente que Nikolai no iba a dejar pasar.
En su tierra, el nacido en Vladimir volvió a demostrar su profesionalismo, lo que hizo posible sumar más preseas para su extenso historial olímpico. Dos oros, dos platas y un bronce se agregaron a las otras 10 medallas obtenidas en las dos últimas ediciones, para un total de 15, que lo convirtieron, en ese momento, en el atleta masculino más laureado de la historia, hasta la aparición de Michael Phelps.
Como todo un profesional entregado a su deporte, y tras dejar atrás una carrera llena de éxitos, Andrianov cambió de rol y puso en el papel de entrenador, hasta que la enfermedad y la muerte lo alcanzaron.
La atrofia multisistémica se apoderó del cuerpo que tantas glorias le dio a Nikolai y jamás lo soltó, hasta el día de su fallecimiento en 2011, en su ciudad natal, a los 59 años de edad, dejando un gran legado en la gimnasia y el general en el olimpismo, que lo llevaron a ser el mejor atleta de su disciplina, de Rusia y del mundo.