Hablar de las grandes historias de la gimansia significa remontarnos al pasado, por eso hoy tendremos una historia peculiar, pues se trata de una de las integrantes de las Siete Magníficas, equipo de los Estados Unidos que consiguió la primera medalla de oro para el país en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

El primer equipo del país de las barras y las estrellas en conseguir oro en unos JJOO de Atlanta fue comandado por Dawes, Shannon Miller, Kerri Strug, Dominique Moceanu, Amanda Borden, Amy Chow y Jaycie Phelps. Entre ellas sobresalía Shannon Miller, quien antes de 1996 ya lucía como una de las mejores gimnastas juveniles. A principios de 1990, Miller se obtuvo un impresionante récord internacional: dos perfectos 10 en la barra de equilibrio en la Copa Suiza y Arthur Gander Memorial en 1990 y 1991; dos medallas de plata en los Campeonatos del Mundo de 1991, y cinco medallas en los Juegos Olímpicos de 1992. Con las medallas obtenidas en Barcelona 1992 se convirtió en la deportistas estadounidense que más preseas conquistó en la justa.

Pero no solo logró, Shannon también se adjudicó dos campeonatos del mundo de forma consecutiva en 1993 y 1994. Con esos números llegaba a los JJOO de su país en 1996, incluso tuvo un accidente en uno de los entrenamiento cuando le cayó tiza en el ojo, pero a pesar de eso salió ante el público para ganar en el evento de la barra de equilibrio, de esta forma contribuyó a su equipo para conseguir la primera medalla de oro en la categoría.

Después de conseguir el histórico triunfo para su país, las Magnificent Seven dieron una serie de giras, y fue allí cuando Shannon Miller tuvo que perder el miedo para hablar en público. Toda su vida estuvo llena de éxitos tanto deportivos como profesionales, pues en 2003 se graduó en la Universidad de Houston en Marketing and Entrepreneurship y posteriormente se graduó de Boston College Law School en 2007.

La peor parte de su vida llegaría a finales de 2010, cuando le diagnosticaron un quiste del tamaño de una pelota de béisbol en su ovario izquierdo, el cual era cancerígeno. Afortunadamente los médicos lo detectaron a tiempo y en 2011 se sometió a un tratamiento de ovario el cual la ayudó para vencer la enfermedad, actualmente se ha convertido en defensora de la detección temprana y las pruebas de detección de cáncer.

Su vida deportiva terminaría cuando fue incluída en el Salón de la Fama Olímpico de los Estados Unidos dos veces, como individuo y para su equipo. Por ahora es una empresaria y madre que está agradecida con la vida, “le agradezco a Dios todos los días que estoy aquí”, declaró a TODAY.